Llega antes de que empiece la oreja -gritaba Mercedes a su hija Samantha.
Mercedes era una mujer gorda e insatisfecha, la mayor parte del tiempo estaba sentada en su sofá viendo la televisión. Al contrario, Samantha era una jovencita delgada y de aspecto punk que le gustaba estar fuera de su casa el mayor tiempo posible; cuando llegaba temprano, su madre aprovechaba para mandarla al mercado y esto enfurecía a Samantha.
Caminaba siempre con paso acelerado, maldiciendo a su madre y al estúpido mercado tan cerca de la casa. Sin darse cuenta, pronto llegó a la carnicería donde estaba siempre ese perro pulguiento que, cuando se acercaba, también lo maldecía; pidió tres cuartos de falda con costilla. Luego fue al puesto de la señora Hortensia, una mujer muy chismosa, que vendía frutas y verduras. Por su culpa, el mercado se enteró que su padre, Luís, estaba de ojo alegre con Rosa, la señora de las flores. Samantha era bastante cortante con ella y ambas se hablaban secamente, si Samantha iba con ella, era porque le fiaba la verdura.
Samantha respiraba hondo y trataba de contar hasta diez, y más cuando los tres niños de la señora se le acercaban a pedirle dinero. Tan pronto doña Hortensia le entregó la verdura, se echó a correr a su casa. Regresó más rápido de lo pensado. Dejó las cosas en la mesa, se acercó al sofá y vio a su madre dormida, con el control en la mano y la televisión prendida con la novela de las cuatro. Se acercó a Mercedes y le empezó a dar de golpecitos en la frente, Mercedes despertó asustada con los ojos muy abiertos, inyectados. Samantha sólo se echó una risita.
-Ahí está lo de la comida– dijo Samantha -voy a mi cuarto, no molestes.
Mercedes torpemente se levantó del sofá y empezó a hacer la comida: mientras hervía la carne, aprovechaba para ver la tele; sazonaba y picaba las verduras entre los comerciales. Tan pronto terminó, se echó al sofá para ver su programa de la tarde. Samantha salió de su cuarto con un hambre espantosa. Se dio cuenta que ya eran las seis y su padre no volvía.
-¿a qué hora se le ocurre llegar a ese señor?- pensó Samantha
- Mamá, viene hoy mi papá o no, hace tres día que no lo veo, necesitó dinero- dijo Samantha molesta.
Pero Mercedes estaba absorta viendo la televisión. Samantha, resignada, se tuvo que servir sola. Abrió el refrigerador y vio una nota que decía:
Mercedes:
Me voy, lo nuestro ya no funciona. Me voy con Rosa, ella si que me atiende. Dile a Sam que la quiero. No te preocupes, el fin de semana te doy para lo del gasto.
Adiós
ATTE: Luis
Samantha arrugó el papel, luego vio arriba del refrigerador un sobre; supuso tenía el dinero, pero no. Enfurecida fue hacia Mercedes y le tiró el papel en la cara.
-¿Por qué carajos no me dijiste que se fue mi papá?
Pero Mercedes movió su cabeza hacia la izquierda para ver mejor la televisión. A Samantha se le llenaron los ojos de lágrimas y gritó, cada vez más enojada.
-Maldita sea Mamá, ¡Contéstame!
Entonces hubo un silencio y se empezó a escuchar la voz amanerada del hombre de la tele, que daba a conocer la nota amarillista. A Mercedes le brotó una lágrima y dijo para sí misma.
-Siempre supe que esa relación no daba para más.
Samantha se calmó y estuvo a punto de abrazarla, se acercó a Mercedes cuando, sin dejar de ver la tele, dijo:
-Si hubieran aceptado su amor, Mayrin y Eduardo, nunca hubieran roto su relación.
