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viernes, 30 de abril de 2010

La oración

Buscando huir de la muerte, la niña dulce y pequeña, corría. El viento en su rostro secaba las lagrimas de sus suaves mejillas, lagrimas de miedo y dolor, sus pies descalzos con algunas gotas de sangre, su vestido verde se balanceaba de un lado a otro , sus cabellos dorados y rizados alborotados, con sus labios apretados y sus ojos despiertos, escuchaba el latir de su corazón, un latir rápido y profundo.
Huía de esa terrible vida, de ese lugar tenebroso, obscuro y frio, sus padres jamás hubieran permitido que la trataran de ese modo. La invadía el recuerdo de la pequeña María, sus ojos medio cerrados por los golpes, la sangre seca en sus labios, sus manitas moradas y su vestido medio roto. María una niña de tan solo cuatro años, golpeada brutalmente por una mujer gorda y sin alma, La señora Luz golpeaba a los niños hasta matarlos sin razón alguna, para ella era una ganancia, mas comida y menos estorbos, piojosos y con mocos. Lo último que vio antes de fugarse del orfanato, fue a María, su cuerpecito frio y pálido en el césped, sus ojitos verdes abiertos sin vida.
¡Que horror! A ella le esperaba lo mismo si se quedaba en ese lugar, esa noche con algunas monedas robadas huyo, y al mirar detrás de su hombro por última vez, ahí estaban esos ojos negros y duros, la señora Luz, mirándola con una risa cruel, era la tercera vez que intentaba escapar, después de una buena golpiza le juro que a la próxima soltaría a los perros, que la seguirían y traerían su cadáver que usaría de advertencia para los demás niños.
No, la pequeña niña no quería ser la advertencia de nada, ella quería ser libre, quería jugar como los niños, quería una familia, una mascota, un patito de hule, e ir a la escuela, tener un uniforme, y unos zapatitos negros.
Le contaron que su padre murió en un pelea en un bar y su madre murió cuando la dio a luz; hacia ya seis años que la niña estaba en el orfanato, la señora Luz siempre le recordaba que sus padres nunca la quisieron, que su padre era un borracho perdido, que su madre después de la muerte de su marido, quedo loca, siempre andaba en bata con el cabello enmarañado, además ni siquiera estaban casados.
Pero la pequeñita no creía en nada de eso, tenía que descubrir la verdad, la señora Luz era una mentirosa, pensaba en esto, cuando escucho el rechinido del portón al abrirse, iban por ella, los perros hambrientos y el novio de la señora Luz, Abraham que era igual de cruel.
Pensó escalar un árbol, pero le costaría mucho trabajo y la descubrirían; también pensó ocultarse bajo las hojas, pero esto era muy ruidoso y los perros la olisquearían de inmediato; todo parecía estar en su contra, necesitaba un plan, pero cual seria, pensó detenidamente, y ahí frente a sus ojos, una cueva obscura y pequeña, ahí nadie la vería, tomo aire y dio un brinco enorme; claramente vio como paso Abraham y sus perros, que obviamente eran muy torpes al no reconocer su olor. Dos horas pasaron o tal vez tres, estaba cansada, la luna que brillaba con mucha intensidad, la envolvió con sus hermosos rayos de plata; las hojas bailaban con el viento, era un espectáculo maravilloso; los pequeños animales salían de sus escondites, las ranas croaban, los conejos brincaban felices de un lado a otro, un venado corría graciosamente seguido por sus críos, los patitos se balanceaban graciosamente, era un espectáculo hermoso. La pequeña niña, se sentía feliz, como nunca antes, bailo con los animales con movimientos suaves y cuando mas entrada estaba en el baile escucho una voz dulce que le llamaba por su nombre. Montada sobre un caballo blanco, una hermosa dama, de larga cabellera rubia y rizada, ojos verdes y grandes, labios rojos, era muy blanca, hermosa. La miraba y le ofrecía una cálida sonrisa, llevaba un vestido purpura largo. Era su madre, la saludaba y la miraba complacida. De pronto escucho un rechinar de espadas, se puso de puntitas, y ahí estaba un guapo caballero, con armadura y ojos azules, peleando contra un dragón por su hermosa princesa, era su padre. Éste clavo la espada en el dragón, camino hacia la dama, la tomo de su delicada mano, y juntos caminaron hacia la pequeña que los miraba encantada; estaban juntos, riendo, fue la noche más larga y hermosa de su vida. La niña sabía que era una princesita, el viento de la noche giraba a su alrededor, que momento tan dulce, hasta el día de hoy la pequeña sigue bailando todas las noches en ese bosque encantado.


Krayola

jueves, 29 de abril de 2010

Hypatia_1

I

-Se trata sobre un lugar místico, en donde la gente se desenvuelve como en una sociedad tribal, la gente interactúa con su entorno de forma más amigable que como lo hacen en la ciudad; tal vez es la historia de una chica que se llama Balún Canan y de lo que ocurre en ese lugar.-

-No, no puede se de una chica llamada Balún Canan, ese es el nombre de un lugar-

-Bueno, entonces se trata de algo ocurrido a Ernesto y Matilde, la historia entre ellos y como ella no quiere tener el hijo de Ernesto (el cual probablemente esta casado).-

-¿Qué no pones atención a lo que te digo? Esa historia ya fue escrita, no es la nuestra-

- Pero ¡Sí! , la historia puede ser sobre un tal Ernesto, la que importa es María, pero él puede llamarse Ernesto-

II

Nuestra historia empieza entre remedios caseros y magia; un pequeño pueblo de tradiciones peculiares y habitantes amigables.

El pueblo de Colocho podía ser catalogado como alegre; aunque de construcciones antiguas y casonas coloniales, prevalecía un ambiente de bienestar y felicidad.

Era un pueblo lleno de misterio en donde los cuentos mágicos no dejaban de sorprender a los niños que con cada generación poblaban a este pequeño y agradable lugar.

Colocho, pueblo pequeño, con solo una avenida principal que cruza la mayor parte del pueblo y desemboca en el hermoso quiosco, que por capricho de un tal Señor de Vidal, se construyó completamente de oro y plata.

La casa más vieja había sido adaptada para fungir como la Junta de gobierno, ahí se celebraban las asambleas pueblerinas que decidían sobre las cuestiones que a cada habitante preocupaban.

Era en este pequeño pueblo que habitaba Maria, toda su vida no había conocido más que este singular pueblecillo perdido en la mitad de la nada, tan cerca del cielo y tan lejos de la ciudad.

Fue mientras barría con la escoba, mientras pensó en conocer lugares que nadie más hubiese visitado, de hablar con gente distinta a la que aquí habitaba y de vivir cosas que nadie de su familia hubiese podido imaginar.

Así de súbito como llegó el pensamiento, el temor de lo desconocido se lo llevó. María apenas tenía 15 años, tal vez cuando llegasen los 18, ya no le robarían pensamientos tan ajenos al pueblo de Colocho.

III

Transcurría el año 2006, aunque puede ser que haya sido 2007, pero no podría decirlo con seguridad pues siempre me he caracterizado por ser una persona olvidadiza.

En fin era un año entre 2006 y 2007, después de un largo día de meditación decidí emprender un viaje introspectivo que me ayudaría a poner las cosas en perspectiva.

Esa mañana por extraño que parezca, pues nunca he sido una persona que se identifique con el viejo y bien conocido refrán: al que madruga Dios lo ayuda, lo imposible pasó. Eran las 5 de la mañana cuando abrí por primera vez los ojos; eran 5:30 cuando di un paso a la regadera y comencé el ritual matutino; eran las 6:30 cuando desperté a mamá con un dulce beso para decirle que estaría un mes de vacaciones en una de esas playas veraniegas del sur del país. Todo estaba arreglado, la tía Tere me daría posada, por lo que no había motivo por el cual preocuparse.

Fue ese verano cuando descubrí toda esa fuente de seguridad, que ni siquiera sabía que existía; fue ese verano en dónde recobré toda la alegría que se había escapado tras un par de decepciones amorosas y fue ese verano que la ternura oculta salió a la luz del día.

Era como si todo eso que ahora es característico en mí hubiese sido jalado a la superficie por los brazos del Sol veraniego en Can Cún.

Al regresar a casa después de un largo mes en tan paradisíaco mar, lo único que tenía era todo lo que había estado buscando, y claro todo lo que había estado buscando ahora era contado como divertidas anécdotas que solo pueden ocurrir cuando emprendes un viaje en autobús con tan solo $1500.00 pesos para todo un verano.

IV

Ahí estaba ella, tan seria como solía ser, con tanta furia como ella solo podía sentir, esperando a que el siguiente autobús pasara en aquella estación olvidada que algún día vio días mejores.

Contradictoria como una persona suele ser, ella representa todo lo que el blanco podía ser, era la proyección de todo lo que se podía pensar. La lluvia no paraba de caer, el autobús ya tenía 5 minutos de retrazo y ella solo podía esperar.

Habían pasado 6 meses desde aquel inspirador viaje; pero los sentimientos encontrados ahí aún se sentían como si todo hubiera pasado ayer.

Cansada, al pasar la manecilla del reloj por el minuto 30, llevaba ya 40 minutos esperando aquel autobús, tal vez es la lluvia pensó , pero estoy segura que llegará.

La fuerza de la lluvia solo podía asemejarse la fuerza del semblante que ella proyectaba, aunque los nervios no se apartaban de la espera, ¡al fin!, a lo lejos unas luces anunciaban la llegada del autobús, ya pronto terminaría el ansia de la espera.

Al abrirse las puertas del tan esperado autobús, graciosa como solo ella podía mostrarse, sonrió, era como si las gotas de la lluvia ahora tuvieran ritmo y el movimiento de la gente se acoplara a éste; todo era un gran espectáculo y la espera había valido la pena.

Las miradas se cruzaron, ella se mantuvo firme, él corrió a sus brazos; el tiempo parecía no existir y se abrazaron como si esos 6 meses hubiesen sido un año. La lluvia no caía más.

V

El pretexto era el Pirindongo mensual, la razón era ella. Era una mañana de Domingo, calurosas, de esas que anuncian que el verano está a la vuelta de la esquina; los preparativos del gran festejo era la única ocupación del pueblo.

María parada junto a la ventana veía los preparativos como si su vida dependiera de reseñar cada detalle de la celebración más divertida del pueblo de Colocho.

El Pirindongo era la celebración mensual que le pueblo organizaba el primer lunes de cada mes, la música era tan fuerte que hacía retumbar la tierra, cada farol de la calle principal era decorado con papeles de distintos colores para que la luz que emitiera se asemejara en su conjunto a un arcoiris que iluminaba toda la avenida principal.

El megáfono del pueblo dio el aviso, sólo faltaban unas cuantas horas para que el festejo comenzara.

Las señoras del pueblo eran las encargadas de preparar la comida necesaria para tal festejo.

Los niños hacían flores de papel que decoraban las calles.

Los señores se dedicaban a hacer todas las instalaciones eléctricas para que la Luz y la música nunca faltasen.

El pirindongo de este mes sería sensacional, María no podía esperar más, pues era el primero que ella lo pasaría acompañada.